El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) está redefiniendo el panorama minero en Argentina, pero su eficacia es cuestionada en provincias como Mendoza, donde la exploración minera ha sido escasa en las últimas dos décadas. A pesar de que el RIGI ofrece significativos beneficios a los proyectos mineros consolidados, la falta de iniciativas exploratorias limita su aplicación en la región.
Un régimen que premia la decisión ya tomada
El RIGI es un instrumento que, sin duda, mejora las condiciones para la inversión minera. Ofrece beneficios fiscales significativos, pero está diseñado para proyectos que ya han pasado las etapas iniciales de exploración y están listos para la construcción. En Mendoza, esto se traduce en que solo el proyecto PSJ Cobre Mendocino ha podido adherirse al régimen, ya que la provincia carece de otras iniciativas avanzadas. Este esquema deja a la exploración, el primer eslabón de la cadena, sin el apoyo necesario, especialmente cuando se compara con las recientes reformas chilenas enfocadas en la exploración greenfield.
El contraste con Chile
Mientras Argentina centra sus incentivos en proyectos avanzados, Chile ha introducido una reforma que favorece la exploración minera desde sus primeras etapas. Esta diferencia de enfoque es crucial, ya que la falta de exploración sostenida en Argentina podría limitar el surgimiento de nuevos proyectos en el futuro. El proyecto de ley chileno, presentado el 9 de septiembre, crea un segmento especial en el mercado de capitales para empresas exploradoras, facilitando su acceso a financiamiento y ofreciendo atractivos beneficios fiscales a los inversores. Este esquema, similar al canadiense, busca dinamizar el mercado de exploración chileno y podría servir como modelo para Argentina.
Datos de mercado
A nivel macroeconómico, el RIGI exige comprometer inversiones de al menos USD 200 millones, una cifra que se aleja de las necesidades de una campaña de exploración típica, que ronda apenas unos millones de dólares. En contraste, la inversión en exploración en Chile alcanzó USD 874,7 millones en 2025, destacándose como uno de los niveles más altos desde 2013. Este contexto subraya la necesidad de Argentina de reevaluar sus políticas para no quedar rezagada en la competencia por capitales de exploración minera.
Análisis de impacto
Para el sector minero argentino, el RIGI representa un impulso valioso para proyectos ya decididos, pero su enfoque limitado podría traducirse en una falta de proyectos nuevos en el futuro. Las provincias que, como Mendoza, no tienen una base sólida de exploración, pierden la oportunidad de convertirse en centros de desarrollo minero. A medida que otros países de la región, como Chile, avanzan en políticas más inclusivas para la exploración, Argentina corre el riesgo de quedarse atrás en la atracción de inversiones extranjeras.
Perspectiva a futuro
En el horizonte, la necesidad de políticas más inclusivas y adaptadas a las etapas iniciales de la exploración minera en Argentina es evidente. Mendoza está tomando algunas iniciativas, como el fondo común de inversión cerrado de Impulsa Mendoza, pero se requiere un esfuerzo coordinado y a nivel nacional para fomentar la exploración greenfield. Las próximas semanas podrían ser cruciales para definir ajustes regulatorios que permitan a la provincia y al país aprovechar plenamente su potencial minero y atraer inversiones que aseguren un desarrollo sostenido a largo plazo.